Les aseguro que tenemos a
alguien cercano, quizás al amigo de mi prima, la madrina de mi vecina que es comadre
de mi mamá Ja! Y porque no asumirlo también a ti y a mí nos ha sucedido.
Encontramos “al amor” se fue “el amor”, somos víctimas de inseguridades o
deseamos más, pero un más que ni nosotros podemos definir.
De la
nada aparece el príncipe azul o la princesa de historias tipo Disney, el personaje en cuestión te brinda un buen
trato, atenciones y tiene gestos agradables pero las alarmas se encienden y
nuevamente vuelve ese “querer más.”
La
vida sigue su transcurrir y como es de esperar tropiezas con una nueva persona,
sales un par de veces, te brincas algunos pasos, apresuras todo, pero no sirve
de nada, continúas sintiéndote vacío.
En el mejor de los escenarios
resulta que esa relación sí funciona, entonces tú decides, buscar pretextos y
escrudiñar hasta conseguir un sinfín de detalles que te hacen concluir: “no es
la persona para mí”. Ahora bien, tómate un tiempo y reflexiona… ¿a qué le temo?
¿Será al amor? O quizás al hecho de enfrentar mis temores y asumir la soledad.
¡Esa tarea te la dejo a ti!
Estar
solo no es tan malo como muchos piensan, no es un castigo como otros tantos
afirman. Es una etapa que podrías utilizarla para crecimiento personal,
dedicarte tiempo de calidad y definir qué camino deseas elegir.
Te
invito a tomar la soledad como una herramienta de aprendizaje donde te
autodescubres y redefines objetivos, quiérete, consiéntete, has deporte, come
sano o simplemente respira pero sintiendo ese aire que inhalas como fuente de
vida. “Vacía tu copa para que pueda ser llenada; quédate sin nada para ganar la
totalidad”
“La soledad y la sensación de no sentirse querido son
la pobreza más grande” Madre Teresa de Calcuta.